NADA MÁS NOTABLE QUE SEGUIR LA RUTA DE LOS HOMBRES QUE DESAPARECEN DETRÁS DE UNA PALABRA
ASÍ LA VIDA NO SE CONVIERTE EN UNA CAUSA PERDIDA
LA BOCA DEL SAPO
Literatura y otras piedras
miércoles 14 de diciembre de 2011
lunes 3 de octubre de 2011
EL HOMBRE DE A CERO
Texto de Presentación / FIL / 28 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Quienes gustan del arte de escribir saben que cuando un libro se publica es todo un acontecimiento que trasvasa lo personal. Suele motivar una serie de expectativas: el por qué del título, de dónde la forma que el autor imprime a su escritura, hasta qué punto remeda a la realidad…, en fin, toda una sarta de alucinaciones y una serie de sorpresas que van desde el chisme extraliterario hasta el discurso infame…
Y no hay de qué sorprenderse, pues el prototipo que se construye es un síntoma de la realidad que se intenta subvertir desde “la existencia verbal” del texto; pues toda obra deja constancia de una época y se explica a sí misma o desde la subjetividad de los Otros; y cuando su autor gira en torno a los 20 años; qué debe suceder. Aquí, creo, al margen de la exquisitez que pueda generar su recepción: nace una “inmensa pregunta celeste”:
¿Cómo es el mundo a los 20 años?
Voy a hacer una digresión:
Hace poco estuvo Bryce Echenique en esta feria para presentar una edición de Un mundo para Julius; y lo traigo a colación porque me llamó siempre la atención estas palabras al comienzo de su novela; con respecto a Julius, el narrador dice: “Lo encontraban siempre parado de espaldas, mirando, por ejemplo, una flor”. A qué le da la espalda este niño llamado Julius, a qué mundo se niega con mirar solo la flor o la sinuosa belleza de la realidad que se lleva a la ficción con palabras. He creído por varios años que ese enunciado tiene mucho de El principito de Saint Exupéry; y digo esto, no por joda, lo señalo por la indagación, por la búsqueda que sostiene toda primera obra.
El hombre de a cero, este libro, es una indagación y a su vez un encuentro con el destino del escritor. Vargas Llosa decía que “un escritor antes que nada es un lector, y que escribir era una forma de seguir leyendo”. De allí que uno de los grandes aciertos del libro sea la coloquialidad del narrador con la que se abordan ciertas historias y la anécdota espontánea de sus finales.
Como sabrán, el primer libro que se publica siempre contiene una summa de influencias; y eso es común, casi una regla en la narrativa contemporánea; pero también existen las apuestas, las elaboraciones osadas que crean la figura de un creador en ciernes; su desafío al lenguaje y aquel viejo y entrañable parricidio que se repite de manera liminar.
Veo la portada del libro y sólo un niño me recibe desconcertado; quizá porque “el mundo no era como se lo contaron”; o porque, como diría, Fausto: “nada podemos saber” de esta vida, de esta sociedad que lleva como signo: la violencia y la miseria de una condición humana pervertida por el consumo y la desfachatez de ser una “mierda posmoderna”, en todos los sentidos y en todos los idiomas.
El hombre de a cero, no sólo alude a un carácter dialógico de sus enunciados posibles; sus textos, “en la realidad”, procuran nacer de un grado cero de la escritura como proponía Roland Barthes hace años. Subvirtiendo el statuo quo de la forma y de la literatura como objeto, con relatos donde la anécdota está por encima de la simple elucubración de la historia. Si bien es cierto estas eluden el propósito del cuento clásico; contiene el germen de una curiosa antesala y de una trama posible.
Pero ¿Cómo es el mundo a los 20 años?, qué temas cuestionan al autor, arrinconan a los personajes, qué situaciones la memoria del narrador esconde para proyectarlas en la escritura; si bien la adolescencia marca el desarrollo de una moral que entra en conflicto con la sexualidad y la convivencia de pares, su implementación es recreado en este texto como una razón de la cual surgen la crueldad, la imaginación, la perversión y la fantasía como una necesidad de negar la soledad a la cual sólo nos adscribimos derrotados y envilecidos, nosotros los lectores, de base 3 para arriba, por ejemplo.
Por eso encuentro en El Hombre de a cero algo que es tentativo:
• La mayoría de las historias difícilmente llegan a la ficción de la manera como “estamos acostumbrados”. Pero no es algo que desconecta al lector de la trama de un tajo, sucede que las intensidades se relativizan y gana la anécdota y no el cuento.
• Destaca la irreverencia en el tratamiento de los símbolos sociales de la convivencia
• La elusión en los textos minimalistas como el cuento CAMBALACHE, ALEA LACTA EST, dichas propuestas son gratificantes,
• Los personajes están dominados por un realismo de la modernidad, donde el prodigio de la ironía superpone la crueldad autodestructiva de un destino marcado por la monotonía.
• Influencia de los recursos como la inmediatez, la fugacidad de la emociones y lo superfluo de la vida que hiere hasta la existencia. Paradojas de la cotidianidad cuando solo nos acoge el deseo de resistir y reaccionar contra la estupidez.
• Las relaciones de pertenencia entre los personajes se socava desde el amor no correspondido e incomprendido hasta el rechazo tajante e inmerecido como en el relato Perro de Mierda.
• Cada texto es una introspección en las circunstancias de la vida de los adolescentes, y de la primera juventud…donde la soledad ya no es una simple representación existencial; ya que “crecer no es pues un oficio fácil”, como señala Jesús Martínez Mogrovejo.
En la página 32, por ejemplo, el narrador del relato Nunca más volveré a amar dice: “Soy muy joven para describir el paraíso”; con este tipo de aciertos en la ficción, Juan Carlos Nalvarte logra explicar la sutileza de lugares comunes donde la brevedad es un arma, una estrategia que enriquece por su abrumadora elusión. En Sueños Mojados, el lector descubrirá que uno puede ver lo que quiere ver y que no hay regla contra ello, salvo la locura de engendrar hijos con los peligros que eso produce si estos se ejecutan sólo en sueños que se materializan con todo lo que se mueve.
Si el cuento narra, dice algo, explica realidades que se impregnan en la escritura por ósmosis y desde el lenguaje; estas condiciones se cumplen en la mayoría de los relatos de Juan Carlos Nalvarte.
Hay relatos como Espejo de mi vida donde se interpreta la monotonía que producen los escenarios modernos. Y cuentos logrados como Amnesia donde la versatilidad y los recursos del autor son inmejorables por el cuestionamiento que se hace a las herramientas que producen sentido.
Texto de Presentación / FIL / 28 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Quienes gustan del arte de escribir saben que cuando un libro se publica es todo un acontecimiento que trasvasa lo personal. Suele motivar una serie de expectativas: el por qué del título, de dónde la forma que el autor imprime a su escritura, hasta qué punto remeda a la realidad…, en fin, toda una sarta de alucinaciones y una serie de sorpresas que van desde el chisme extraliterario hasta el discurso infame…
Y no hay de qué sorprenderse, pues el prototipo que se construye es un síntoma de la realidad que se intenta subvertir desde “la existencia verbal” del texto; pues toda obra deja constancia de una época y se explica a sí misma o desde la subjetividad de los Otros; y cuando su autor gira en torno a los 20 años; qué debe suceder. Aquí, creo, al margen de la exquisitez que pueda generar su recepción: nace una “inmensa pregunta celeste”:
¿Cómo es el mundo a los 20 años?
Voy a hacer una digresión:
Hace poco estuvo Bryce Echenique en esta feria para presentar una edición de Un mundo para Julius; y lo traigo a colación porque me llamó siempre la atención estas palabras al comienzo de su novela; con respecto a Julius, el narrador dice: “Lo encontraban siempre parado de espaldas, mirando, por ejemplo, una flor”. A qué le da la espalda este niño llamado Julius, a qué mundo se niega con mirar solo la flor o la sinuosa belleza de la realidad que se lleva a la ficción con palabras. He creído por varios años que ese enunciado tiene mucho de El principito de Saint Exupéry; y digo esto, no por joda, lo señalo por la indagación, por la búsqueda que sostiene toda primera obra.
El hombre de a cero, este libro, es una indagación y a su vez un encuentro con el destino del escritor. Vargas Llosa decía que “un escritor antes que nada es un lector, y que escribir era una forma de seguir leyendo”. De allí que uno de los grandes aciertos del libro sea la coloquialidad del narrador con la que se abordan ciertas historias y la anécdota espontánea de sus finales.
Como sabrán, el primer libro que se publica siempre contiene una summa de influencias; y eso es común, casi una regla en la narrativa contemporánea; pero también existen las apuestas, las elaboraciones osadas que crean la figura de un creador en ciernes; su desafío al lenguaje y aquel viejo y entrañable parricidio que se repite de manera liminar.
Veo la portada del libro y sólo un niño me recibe desconcertado; quizá porque “el mundo no era como se lo contaron”; o porque, como diría, Fausto: “nada podemos saber” de esta vida, de esta sociedad que lleva como signo: la violencia y la miseria de una condición humana pervertida por el consumo y la desfachatez de ser una “mierda posmoderna”, en todos los sentidos y en todos los idiomas.
El hombre de a cero, no sólo alude a un carácter dialógico de sus enunciados posibles; sus textos, “en la realidad”, procuran nacer de un grado cero de la escritura como proponía Roland Barthes hace años. Subvirtiendo el statuo quo de la forma y de la literatura como objeto, con relatos donde la anécdota está por encima de la simple elucubración de la historia. Si bien es cierto estas eluden el propósito del cuento clásico; contiene el germen de una curiosa antesala y de una trama posible.
Pero ¿Cómo es el mundo a los 20 años?, qué temas cuestionan al autor, arrinconan a los personajes, qué situaciones la memoria del narrador esconde para proyectarlas en la escritura; si bien la adolescencia marca el desarrollo de una moral que entra en conflicto con la sexualidad y la convivencia de pares, su implementación es recreado en este texto como una razón de la cual surgen la crueldad, la imaginación, la perversión y la fantasía como una necesidad de negar la soledad a la cual sólo nos adscribimos derrotados y envilecidos, nosotros los lectores, de base 3 para arriba, por ejemplo.
Por eso encuentro en El Hombre de a cero algo que es tentativo:
• La mayoría de las historias difícilmente llegan a la ficción de la manera como “estamos acostumbrados”. Pero no es algo que desconecta al lector de la trama de un tajo, sucede que las intensidades se relativizan y gana la anécdota y no el cuento.
• Destaca la irreverencia en el tratamiento de los símbolos sociales de la convivencia
• La elusión en los textos minimalistas como el cuento CAMBALACHE, ALEA LACTA EST, dichas propuestas son gratificantes,
• Los personajes están dominados por un realismo de la modernidad, donde el prodigio de la ironía superpone la crueldad autodestructiva de un destino marcado por la monotonía.
• Influencia de los recursos como la inmediatez, la fugacidad de la emociones y lo superfluo de la vida que hiere hasta la existencia. Paradojas de la cotidianidad cuando solo nos acoge el deseo de resistir y reaccionar contra la estupidez.
• Las relaciones de pertenencia entre los personajes se socava desde el amor no correspondido e incomprendido hasta el rechazo tajante e inmerecido como en el relato Perro de Mierda.
• Cada texto es una introspección en las circunstancias de la vida de los adolescentes, y de la primera juventud…donde la soledad ya no es una simple representación existencial; ya que “crecer no es pues un oficio fácil”, como señala Jesús Martínez Mogrovejo.
En la página 32, por ejemplo, el narrador del relato Nunca más volveré a amar dice: “Soy muy joven para describir el paraíso”; con este tipo de aciertos en la ficción, Juan Carlos Nalvarte logra explicar la sutileza de lugares comunes donde la brevedad es un arma, una estrategia que enriquece por su abrumadora elusión. En Sueños Mojados, el lector descubrirá que uno puede ver lo que quiere ver y que no hay regla contra ello, salvo la locura de engendrar hijos con los peligros que eso produce si estos se ejecutan sólo en sueños que se materializan con todo lo que se mueve.
Si el cuento narra, dice algo, explica realidades que se impregnan en la escritura por ósmosis y desde el lenguaje; estas condiciones se cumplen en la mayoría de los relatos de Juan Carlos Nalvarte.
Hay relatos como Espejo de mi vida donde se interpreta la monotonía que producen los escenarios modernos. Y cuentos logrados como Amnesia donde la versatilidad y los recursos del autor son inmejorables por el cuestionamiento que se hace a las herramientas que producen sentido.
lunes 26 de septiembre de 2011
VIDA BREVE / LOLO PALZA
Texto de Presentación / FIL / 24 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Con respecto a la poesía, siempre van a existir voces anteriores que se inmolan o que han prefigurado algo de la realidad que elabora o proyecta el poeta de estos tiempos modernos. Para ello voy a enumerar tres ideas que todo creador debe considerar:
1. Platón dijo: “Los poetas no saben lo que dicen”
2. Manuel Scorza: “Contra el viento el poeta nada puede”
3. C. Vallejo: “En suma, no poseo para expresar mi vida sino mi muerte”
Quisiera agregar otra, una cuarta idea:
4: Lolo Palza: “Salvo algunas palabras todo es innecesario”
Una más que otra construye una visión estética del proceso creativo, de la naturaleza de las cosas que el poeta nombra desde sus poemas, y de sus propias y originales fronteras que lo persuaden.
Y si a la forma, al lenguaje se le agrega lo que humanamente nos hace parte de este mundo; la poesía como expresión y subversión de la realidad verbal, alcanzaría su nivel más sobrecogedor porque señalarían la ruta adecuada en donde el saber crear y el saber decir (con palabras) se tornan en una unidad equidistante, en la expiación de una vida consagrada a la escritura y en una poética donde las emociones subyacen y perduran por encima de la variopinta “actitud de escribir por gusto”.
Aunque siempre hay sujetos que van por otros lados; y encuentran, luego de un breve tráfico, la ansiada expiación de sus búsquedas: ellos, y solo ellos, podrán decir que: “Las palabras no son de nadie” (Roa Bastos) o que “la palabra desvirtúa la belleza” como dijo en alguna oportunidad César Atahualpa Rodríguez, un gran poeta y que dio inicio a una poética de la reflexión, en esta ciudad, anteponiendo para ello la influencia de la filosofía occidental y cierta amargura frente a la experiencia de la vida.
Lolo Palza no es indiferente a las propuestas que se contraponen a su videncia de creador; él ha descubierto hace mucho, que la originalidad yace justamente en la continuidad; aunque parezca un cliché, esta idea permite abarcar el tiempo que determina sus influencias, las mismas que se circunscriben, de manera directa, a la década del 80 y 90 de la poesía peruana.
Resumir la impronta de un drama de la existencia a tal grado que la poesía no solamente albergue los límites de la sinuosa belleza de la palabra sino, también, el drama de una vida protegida por ese “sagrado recinto” que es la poesía lo podemos encontrar en el siguiente poema de su anterior libro Naufragio de Noé (2000):
Texto de Presentación / FIL / 24 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Con respecto a la poesía, siempre van a existir voces anteriores que se inmolan o que han prefigurado algo de la realidad que elabora o proyecta el poeta de estos tiempos modernos. Para ello voy a enumerar tres ideas que todo creador debe considerar:
1. Platón dijo: “Los poetas no saben lo que dicen”
2. Manuel Scorza: “Contra el viento el poeta nada puede”
3. C. Vallejo: “En suma, no poseo para expresar mi vida sino mi muerte”
Quisiera agregar otra, una cuarta idea:
4: Lolo Palza: “Salvo algunas palabras todo es innecesario”
Una más que otra construye una visión estética del proceso creativo, de la naturaleza de las cosas que el poeta nombra desde sus poemas, y de sus propias y originales fronteras que lo persuaden.
Y si a la forma, al lenguaje se le agrega lo que humanamente nos hace parte de este mundo; la poesía como expresión y subversión de la realidad verbal, alcanzaría su nivel más sobrecogedor porque señalarían la ruta adecuada en donde el saber crear y el saber decir (con palabras) se tornan en una unidad equidistante, en la expiación de una vida consagrada a la escritura y en una poética donde las emociones subyacen y perduran por encima de la variopinta “actitud de escribir por gusto”.
Aunque siempre hay sujetos que van por otros lados; y encuentran, luego de un breve tráfico, la ansiada expiación de sus búsquedas: ellos, y solo ellos, podrán decir que: “Las palabras no son de nadie” (Roa Bastos) o que “la palabra desvirtúa la belleza” como dijo en alguna oportunidad César Atahualpa Rodríguez, un gran poeta y que dio inicio a una poética de la reflexión, en esta ciudad, anteponiendo para ello la influencia de la filosofía occidental y cierta amargura frente a la experiencia de la vida.
Lolo Palza no es indiferente a las propuestas que se contraponen a su videncia de creador; él ha descubierto hace mucho, que la originalidad yace justamente en la continuidad; aunque parezca un cliché, esta idea permite abarcar el tiempo que determina sus influencias, las mismas que se circunscriben, de manera directa, a la década del 80 y 90 de la poesía peruana.
Resumir la impronta de un drama de la existencia a tal grado que la poesía no solamente albergue los límites de la sinuosa belleza de la palabra sino, también, el drama de una vida protegida por ese “sagrado recinto” que es la poesía lo podemos encontrar en el siguiente poema de su anterior libro Naufragio de Noé (2000):
PLÁTICA DE LOS ANCIANOS
Finalmente
Debes saber
Que tus ojos
Debes saber
Que tus ojos
Apenas pueden tocar lo cierto
Nunca
Nunca
La verdad de todo lo que existe
Digamos que en la ciudad
Nada es suficiente
Ni romper la norma establecida
Ni andar por todos los caminos
De: Naufragio de Noé (2000)
Creo que todos aquí hemos podido apreciar ese “sutil impacto” de la poesía de Lolo Palza. En donde, según José Gabriel Valdivia, “coloquialidad… y reflexión espontánea” conjugan de forma irrestricta.
Ahora, luego de este necesario preámbulo, el libro que tenemos aquí, esta Vida Breve, proporcionará a los lectores, a quienes creen aún en la palabra escrita de la poesía, la satisfacción de ver y tocar las metáforas de un reencuentro con la soledad y la distancia; y lo que ellas producen: “la irremediable nostalgia”. Las mismas que alcanzan, en este texto, niveles de representaciones simbólicas de la vida cotidiana, pues, todos articulamos deseos en torno a las vicisitudes que genera la modernidad.
Estas construcciones simbólicas -dentro de un lenguaje literario- permiten apreciar las relaciones que el poeta entabla con la realidad objetiva; con los conceptos heredados y con cierta conciencia “del final de una vida”.
Para eso se sirve de una serie de imágenes y metáforas que guardan una relación directa con el superrealismo, es cierto; sin embargo, la intensidad de su discurso no radica allí, no radica en una pálida retórica de representaciones alegóricas, sino en la vitalidad que logra contener en la idea, en el concepto mismo del sentido verbal de sus expresiones.
Reflexión amarga y cruda de una época marcada por el deterioro de la utopía, la pérdida de las cosas que motivaron los sueños… el deseo de olvidar y el ímpetu de la memoria por conservarlas, sólo pueden crear este desgarramiento que pervive en las páginas:
En el primer texto, el poeta dice:
“Es difícil escribir / y no estrellarse con un muro” (pág. 13)
En su poema ADIÓS expresa: “Una mano es una paloma / la piel siempre una despedida” (pág. 51); este recurso minimalista, de evidente concreción, y de soterrada mirada existencial frente a las razones del cuerpo, evidencian su recorrido por etapas donde la tristeza ha moldeado el carácter; y, la poesía, un lenguaje que no puede evitar la ternura, ni evitar dejar constancia de lo que más nos preocupa.
Este texto no sólo dialoga con la incertidumbre de la época actual sino que contiene el drama de una aventura cuyo protagonista es la lucidez de una derrota que prefigura el desmantelamiento de nuestras pasiones y el libre acceso a las libertades dirigidas.
…La poética de Lolo Palza nos deja la tarea de escudriñar en su territorio con herramientas ajenas y con palabras que nombran la vida y sus circunstancias. Lolo Palza es un poeta que no teme contrariarse en la desolación y la amargura; es más, la descifra y la proyecta en su única manera de decir las cosas; es decir, con poesía.
Digamos que en la ciudad
Nada es suficiente
Ni romper la norma establecida
Ni andar por todos los caminos
De: Naufragio de Noé (2000)
Creo que todos aquí hemos podido apreciar ese “sutil impacto” de la poesía de Lolo Palza. En donde, según José Gabriel Valdivia, “coloquialidad… y reflexión espontánea” conjugan de forma irrestricta.
Ahora, luego de este necesario preámbulo, el libro que tenemos aquí, esta Vida Breve, proporcionará a los lectores, a quienes creen aún en la palabra escrita de la poesía, la satisfacción de ver y tocar las metáforas de un reencuentro con la soledad y la distancia; y lo que ellas producen: “la irremediable nostalgia”. Las mismas que alcanzan, en este texto, niveles de representaciones simbólicas de la vida cotidiana, pues, todos articulamos deseos en torno a las vicisitudes que genera la modernidad.
Estas construcciones simbólicas -dentro de un lenguaje literario- permiten apreciar las relaciones que el poeta entabla con la realidad objetiva; con los conceptos heredados y con cierta conciencia “del final de una vida”.
Para eso se sirve de una serie de imágenes y metáforas que guardan una relación directa con el superrealismo, es cierto; sin embargo, la intensidad de su discurso no radica allí, no radica en una pálida retórica de representaciones alegóricas, sino en la vitalidad que logra contener en la idea, en el concepto mismo del sentido verbal de sus expresiones.
Reflexión amarga y cruda de una época marcada por el deterioro de la utopía, la pérdida de las cosas que motivaron los sueños… el deseo de olvidar y el ímpetu de la memoria por conservarlas, sólo pueden crear este desgarramiento que pervive en las páginas:
En el primer texto, el poeta dice:
“Es difícil escribir / y no estrellarse con un muro” (pág. 13)
En su poema ADIÓS expresa: “Una mano es una paloma / la piel siempre una despedida” (pág. 51); este recurso minimalista, de evidente concreción, y de soterrada mirada existencial frente a las razones del cuerpo, evidencian su recorrido por etapas donde la tristeza ha moldeado el carácter; y, la poesía, un lenguaje que no puede evitar la ternura, ni evitar dejar constancia de lo que más nos preocupa.
Este texto no sólo dialoga con la incertidumbre de la época actual sino que contiene el drama de una aventura cuyo protagonista es la lucidez de una derrota que prefigura el desmantelamiento de nuestras pasiones y el libre acceso a las libertades dirigidas.
…La poética de Lolo Palza nos deja la tarea de escudriñar en su territorio con herramientas ajenas y con palabras que nombran la vida y sus circunstancias. Lolo Palza es un poeta que no teme contrariarse en la desolación y la amargura; es más, la descifra y la proyecta en su única manera de decir las cosas; es decir, con poesía.
ESPEJOS DE HUMO / GOYO TORRES
Texto de Presentación / FIL / 23 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Si nos remontamos a etapas fundacionales de la novela en Arequipa; esta, nacería propiamente con María Nieves y Bustamante y su obra Jorge o el hijo del pueblo; dicho texto representa y elabora un espacio convulsionado por ideas sociales y políticas de una época en donde la nación peruana expresa sus desencuentros; la patria por esos años está haciéndose a imagen y semejanza de una “hegemonía” que nace de la aristocracia que agoniza y muere, a su vez, por “un poder conservar su statu quo”. Es el contexto. Finales del siglo XIX.
Sólo que la literatura por esos años construye una identidad que acoge los ideales de aquella Arequipa, basada en su pasado colonial y de abierta confrontación con las políticas liberales y reformistas.
Durante el siglo pasado la novela en Arequipa tuvo su oportunidad en autores como Federico Segundo Agüero, Edmundo de los Ríos, María Teresa Ruiz Rosas, Fátima Carrasco, y sobre todo en Carlos Herrera que a través de su novela Blanco y negro nos deja la metáfora de dos razones contradictorias que aluden a una realidad que está por encima de la monotonía y de un acondicionamiento existencial.
Bajo esta perspectiva se puede señalar -de manera tentativa- que ideología e historia han dado forma a una variable en el que la narrativa encuentra su asidero para la ficción.
Augusto Monterroso decía que: “Los buenos libros son buenos libros y sirven para señalar los vicios, las virtudes y los defectos humanos. Pero no para cambiarlos” Aquí, en esta obra, no sólo se mantiene la naturaleza del texto como expresión del lenguaje y de una poética en la ficción, sino que esta mantiene sus estructuras en la realidad misma que concibe.
Quienes encontramos en la literatura una excusa para poder comprender esta realidad, decidimos, pues, participar de ella; y, a su vez, alterarla. No están exentos, por eso, de una ideología nuestros discursos frente a la historia y menos de un relato del poder que se construye con palabras.
Ahora, Espejos de Humo, la primera novela de Goyo Torres, está escrita bajo la impronta de los discursos de la “posmodernidad”, aunque el término de “posmodernidad” sugiere una serie de interpretaciones, aquí lo empleo para sugerir una postura de resistencia, de reinterpretación, de revisionismo histórico.
Miguel Gutiérrez ha señalado, a su vez, que “las propuestas morales, sociales o políticas de un escritor relativas al destino de los pueblos y la convivencia humana son secundarias”; Goyo Torres, alude a tal condicionamiento de la continuidad, aunque circunscriba su ficción a una etapa fundacional del imaginario de Arequipa y del país. Ya que existe en su derrotero como escritor una necesidad por reformular ciertas prerrogativas de la realidad impuesta y que ha encontrado a través de sus lecturas y de sus filiaciones sociopolíticas.
Encuentro en la novela una apreciable intensidad por subvertir cierto determinismo histórico frente a los símbolos que se han heredado del pasado.
Como se sabe, la presencia de Simón Bolívar en la conformación del Estado del Perú, resultó nocivo para ciertos intereses postcoloniales; y su ingreso a la historia nacional giró en torno a la liquidación del pensamiento conservador peruano.
La resistencia a los cambios con su llegada a dicho contexto nacional duraron hasta finales del siglo XIX; aquí hay que destacar la participación de Bartolomé Herrera quien discutirá muchos de los principios liberales dejados por Bolívar. Este tránsito está signado por luchas intempestivas por el poder, “por conservar el poder” y por una presencia en nuestra realidad que dejó muchos vacíos en la consolidación de “una historia para todos”.
Leer este texto de Goyo Torres, también permite apreciar sus intensiones formales y políticas en la estructura latente. El discurso literario como objeto proyecta la realidad concebida desde una lectura personal de la historia y de las estrategias que rigen su lineamiento en el espacio tiempo de la ficción. En Espejos de Humo el proyecto de la trama es ambicioso. No está exenta de una ideología, ni su aparición sugiere una impostura frente a la fábula. Por eso, la busca determinar, y alterarla desde el lenguaje literario.
Elige una época, un espacio delimitado por la historia oficial; y argumentos que requieren de misterio e intriga; carácter y prototipo de un “relato policial” que se difumina en varias de las capas de su relato.
En esta novela encontraremos, también, la degradación que se origina a partir de un develamiento de “la verdad”: el complot, el intento de asesinato contra Bolívar, suscitado en estos territorios; es en este nivel de la trama que se ha urdido donde se llega a descubrir los misterios más logrados mediante el recurso epistolar.
Asistiremos a manifestaciones humanas como la locura, la traición, y sobre todo a una desmitificación de la historia que gira en torno al libertador: su irremediable éxito con las mujeres, por ejemplo, y que en obras como El general en su laberinto de García Márquez, se exaltan o se admiran.
Es así que personajes como Eva (risto) Medina se convierte en portadora de la venganza de una casta. Y “Paquito”, otro de los personajes de la obra, alcanzará su nivel más notable al final de la obra por estar junto al narrador desde un espacio marcado por la esquizofrenia.
En resumen, Espejos de Humo, pretende recrear una etapa de la historia oficial, y subvertirla; actualizar ciertas conjeturas de las discusiones internas con respecto al poder político del siglo XIX que enriquecen, dentro de la ficción literaria, “el relato” de una intriga condicionada por la locura de creer; por eso, la estructura de una historia que subyace dentro de otra historia es una fórmula para desmitificar ciertas nebulosas de la realidad que se alzan como mentiras agradables ante nuestros ojos.
Me refiero a la función de la mujer en los primeros años de la república, al papel que jugó Arequipa en la gesta de la independencia y a la vida misma que se altera sólo desde la ficción y de forma aislada.
Una novela para leer con la pasión que generan las cosas del lenguaje y con la vitalidad que sentimos todos por la literatura escrita desde esta tierra.
Texto de Presentación / FIL / 23 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Si nos remontamos a etapas fundacionales de la novela en Arequipa; esta, nacería propiamente con María Nieves y Bustamante y su obra Jorge o el hijo del pueblo; dicho texto representa y elabora un espacio convulsionado por ideas sociales y políticas de una época en donde la nación peruana expresa sus desencuentros; la patria por esos años está haciéndose a imagen y semejanza de una “hegemonía” que nace de la aristocracia que agoniza y muere, a su vez, por “un poder conservar su statu quo”. Es el contexto. Finales del siglo XIX.
Sólo que la literatura por esos años construye una identidad que acoge los ideales de aquella Arequipa, basada en su pasado colonial y de abierta confrontación con las políticas liberales y reformistas.
Durante el siglo pasado la novela en Arequipa tuvo su oportunidad en autores como Federico Segundo Agüero, Edmundo de los Ríos, María Teresa Ruiz Rosas, Fátima Carrasco, y sobre todo en Carlos Herrera que a través de su novela Blanco y negro nos deja la metáfora de dos razones contradictorias que aluden a una realidad que está por encima de la monotonía y de un acondicionamiento existencial.
Bajo esta perspectiva se puede señalar -de manera tentativa- que ideología e historia han dado forma a una variable en el que la narrativa encuentra su asidero para la ficción.
Augusto Monterroso decía que: “Los buenos libros son buenos libros y sirven para señalar los vicios, las virtudes y los defectos humanos. Pero no para cambiarlos” Aquí, en esta obra, no sólo se mantiene la naturaleza del texto como expresión del lenguaje y de una poética en la ficción, sino que esta mantiene sus estructuras en la realidad misma que concibe.
Quienes encontramos en la literatura una excusa para poder comprender esta realidad, decidimos, pues, participar de ella; y, a su vez, alterarla. No están exentos, por eso, de una ideología nuestros discursos frente a la historia y menos de un relato del poder que se construye con palabras.
Ahora, Espejos de Humo, la primera novela de Goyo Torres, está escrita bajo la impronta de los discursos de la “posmodernidad”, aunque el término de “posmodernidad” sugiere una serie de interpretaciones, aquí lo empleo para sugerir una postura de resistencia, de reinterpretación, de revisionismo histórico.
Miguel Gutiérrez ha señalado, a su vez, que “las propuestas morales, sociales o políticas de un escritor relativas al destino de los pueblos y la convivencia humana son secundarias”; Goyo Torres, alude a tal condicionamiento de la continuidad, aunque circunscriba su ficción a una etapa fundacional del imaginario de Arequipa y del país. Ya que existe en su derrotero como escritor una necesidad por reformular ciertas prerrogativas de la realidad impuesta y que ha encontrado a través de sus lecturas y de sus filiaciones sociopolíticas.
Encuentro en la novela una apreciable intensidad por subvertir cierto determinismo histórico frente a los símbolos que se han heredado del pasado.
Como se sabe, la presencia de Simón Bolívar en la conformación del Estado del Perú, resultó nocivo para ciertos intereses postcoloniales; y su ingreso a la historia nacional giró en torno a la liquidación del pensamiento conservador peruano.
La resistencia a los cambios con su llegada a dicho contexto nacional duraron hasta finales del siglo XIX; aquí hay que destacar la participación de Bartolomé Herrera quien discutirá muchos de los principios liberales dejados por Bolívar. Este tránsito está signado por luchas intempestivas por el poder, “por conservar el poder” y por una presencia en nuestra realidad que dejó muchos vacíos en la consolidación de “una historia para todos”.
Leer este texto de Goyo Torres, también permite apreciar sus intensiones formales y políticas en la estructura latente. El discurso literario como objeto proyecta la realidad concebida desde una lectura personal de la historia y de las estrategias que rigen su lineamiento en el espacio tiempo de la ficción. En Espejos de Humo el proyecto de la trama es ambicioso. No está exenta de una ideología, ni su aparición sugiere una impostura frente a la fábula. Por eso, la busca determinar, y alterarla desde el lenguaje literario.
Elige una época, un espacio delimitado por la historia oficial; y argumentos que requieren de misterio e intriga; carácter y prototipo de un “relato policial” que se difumina en varias de las capas de su relato.
En esta novela encontraremos, también, la degradación que se origina a partir de un develamiento de “la verdad”: el complot, el intento de asesinato contra Bolívar, suscitado en estos territorios; es en este nivel de la trama que se ha urdido donde se llega a descubrir los misterios más logrados mediante el recurso epistolar.
Asistiremos a manifestaciones humanas como la locura, la traición, y sobre todo a una desmitificación de la historia que gira en torno al libertador: su irremediable éxito con las mujeres, por ejemplo, y que en obras como El general en su laberinto de García Márquez, se exaltan o se admiran.
Es así que personajes como Eva (risto) Medina se convierte en portadora de la venganza de una casta. Y “Paquito”, otro de los personajes de la obra, alcanzará su nivel más notable al final de la obra por estar junto al narrador desde un espacio marcado por la esquizofrenia.
En resumen, Espejos de Humo, pretende recrear una etapa de la historia oficial, y subvertirla; actualizar ciertas conjeturas de las discusiones internas con respecto al poder político del siglo XIX que enriquecen, dentro de la ficción literaria, “el relato” de una intriga condicionada por la locura de creer; por eso, la estructura de una historia que subyace dentro de otra historia es una fórmula para desmitificar ciertas nebulosas de la realidad que se alzan como mentiras agradables ante nuestros ojos.
Me refiero a la función de la mujer en los primeros años de la república, al papel que jugó Arequipa en la gesta de la independencia y a la vida misma que se altera sólo desde la ficción y de forma aislada.
Una novela para leer con la pasión que generan las cosas del lenguaje y con la vitalidad que sentimos todos por la literatura escrita desde esta tierra.
lunes 22 de agosto de 2011
NO ME PARECE
Hace algunas semanas atrás visité las estructuras de la Escuela de Literatura de la UNSA. Pocas veces me asomo a sus muros desde que me fui atado a un título. Al grano, la figura es que elevando la mirada pude ver lo siguiente:
No soy ningún protector de los animales, y menos de las aves tangibles; peor aún si estas abundan en la plaza y las ves en todas las cosas de esta Arequipa.
A ver, puede haber pasado:
3. La mataron y después la colgaron, ídem.
6. Alguien interpretó un gesto sinuoso en el lenguaje de la aves; y cumplió su último deseo.
En fin, la cuestión es que muchas cosas han pasado en esta Escuela, pero que se haya perpetrado esto me parece la expresión de la indiferencia y de la majadería que impera, al parecer, en ese lugar.
Lo que sucede es que está colgada en mi Escuela.
A ver, puede haber pasado:
1. Algunos sujetos antes "colgaban perros" ; ahora palomas, lo que marca una resemantización de las imposturas.
2. Estaba muerta y la colgaron para inmortalizar la última idea que pasa por nuestra cabeza.
3. La mataron y después la colgaron, ídem.
4. ¿Fueron los de la mañana o los de la tarde?; es decir, filósofos o literatos.
5. Es una paloma colgante
6. Alguien interpretó un gesto sinuoso en el lenguaje de la aves; y cumplió su último deseo.
En fin, la cuestión es que muchas cosas han pasado en esta Escuela, pero que se haya perpetrado esto me parece la expresión de la indiferencia y de la majadería que impera, al parecer, en ese lugar.
Los que ingresan a esta Escuela sólo la utilizan como trampolín para carreras como Derecho, Psicología, etc. Siempre "me llegó al pájaro" -ya que estamos en el tema- ver "ese carnaval de primer año"; desde luego que hay individuos que creen en lo que hacen, están equivocados, pero ahí están, fieles al castigo. Otros viven ya condenados por la poesía o la narrativa. (Sólo falta que en la entrada a la "escuelita" (como la llamó J. Zamudio) se graben estas palabras: "Oh, vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza" Canto tercero de La divina Comedia).
Sea lo que haya sucedido; esa paloma no tenía por qué pagar pato.
Sea lo que haya sucedido; esa paloma no tenía por qué pagar pato.
jueves 18 de agosto de 2011
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