Texto de Presentación / FIL / 24 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Con respecto a la poesía, siempre van a existir voces anteriores que se inmolan o que han prefigurado algo de la realidad que elabora o proyecta el poeta de estos tiempos modernos. Para ello voy a enumerar tres ideas que todo creador debe considerar:
1. Platón dijo: “Los poetas no saben lo que dicen”
2. Manuel Scorza: “Contra el viento el poeta nada puede”
3. C. Vallejo: “En suma, no poseo para expresar mi vida sino mi muerte”
Quisiera agregar otra, una cuarta idea:
4: Lolo Palza: “Salvo algunas palabras todo es innecesario”
Una más que otra construye una visión estética del proceso creativo, de la naturaleza de las cosas que el poeta nombra desde sus poemas, y de sus propias y originales fronteras que lo persuaden.
Y si a la forma, al lenguaje se le agrega lo que humanamente nos hace parte de este mundo; la poesía como expresión y subversión de la realidad verbal, alcanzaría su nivel más sobrecogedor porque señalarían la ruta adecuada en donde el saber crear y el saber decir (con palabras) se tornan en una unidad equidistante, en la expiación de una vida consagrada a la escritura y en una poética donde las emociones subyacen y perduran por encima de la variopinta “actitud de escribir por gusto”.
Aunque siempre hay sujetos que van por otros lados; y encuentran, luego de un breve tráfico, la ansiada expiación de sus búsquedas: ellos, y solo ellos, podrán decir que: “Las palabras no son de nadie” (Roa Bastos) o que “la palabra desvirtúa la belleza” como dijo en alguna oportunidad César Atahualpa Rodríguez, un gran poeta y que dio inicio a una poética de la reflexión, en esta ciudad, anteponiendo para ello la influencia de la filosofía occidental y cierta amargura frente a la experiencia de la vida.
Lolo Palza no es indiferente a las propuestas que se contraponen a su videncia de creador; él ha descubierto hace mucho, que la originalidad yace justamente en la continuidad; aunque parezca un cliché, esta idea permite abarcar el tiempo que determina sus influencias, las mismas que se circunscriben, de manera directa, a la década del 80 y 90 de la poesía peruana.
Resumir la impronta de un drama de la existencia a tal grado que la poesía no solamente albergue los límites de la sinuosa belleza de la palabra sino, también, el drama de una vida protegida por ese “sagrado recinto” que es la poesía lo podemos encontrar en el siguiente poema de su anterior libro Naufragio de Noé (2000):
PLÁTICA DE LOS ANCIANOS
Finalmente
Debes saber
Que tus ojos
Debes saber
Que tus ojos
Apenas pueden tocar lo cierto
Nunca
Nunca
La verdad de todo lo que existe
Digamos que en la ciudad
Nada es suficiente
Ni romper la norma establecida
Ni andar por todos los caminos
De: Naufragio de Noé (2000)
Creo que todos aquí hemos podido apreciar ese “sutil impacto” de la poesía de Lolo Palza. En donde, según José Gabriel Valdivia, “coloquialidad… y reflexión espontánea” conjugan de forma irrestricta.
Ahora, luego de este necesario preámbulo, el libro que tenemos aquí, esta Vida Breve, proporcionará a los lectores, a quienes creen aún en la palabra escrita de la poesía, la satisfacción de ver y tocar las metáforas de un reencuentro con la soledad y la distancia; y lo que ellas producen: “la irremediable nostalgia”. Las mismas que alcanzan, en este texto, niveles de representaciones simbólicas de la vida cotidiana, pues, todos articulamos deseos en torno a las vicisitudes que genera la modernidad.
Estas construcciones simbólicas -dentro de un lenguaje literario- permiten apreciar las relaciones que el poeta entabla con la realidad objetiva; con los conceptos heredados y con cierta conciencia “del final de una vida”.
Para eso se sirve de una serie de imágenes y metáforas que guardan una relación directa con el superrealismo, es cierto; sin embargo, la intensidad de su discurso no radica allí, no radica en una pálida retórica de representaciones alegóricas, sino en la vitalidad que logra contener en la idea, en el concepto mismo del sentido verbal de sus expresiones.
Reflexión amarga y cruda de una época marcada por el deterioro de la utopía, la pérdida de las cosas que motivaron los sueños… el deseo de olvidar y el ímpetu de la memoria por conservarlas, sólo pueden crear este desgarramiento que pervive en las páginas:
En el primer texto, el poeta dice:
“Es difícil escribir / y no estrellarse con un muro” (pág. 13)
En su poema ADIÓS expresa: “Una mano es una paloma / la piel siempre una despedida” (pág. 51); este recurso minimalista, de evidente concreción, y de soterrada mirada existencial frente a las razones del cuerpo, evidencian su recorrido por etapas donde la tristeza ha moldeado el carácter; y, la poesía, un lenguaje que no puede evitar la ternura, ni evitar dejar constancia de lo que más nos preocupa.
Este texto no sólo dialoga con la incertidumbre de la época actual sino que contiene el drama de una aventura cuyo protagonista es la lucidez de una derrota que prefigura el desmantelamiento de nuestras pasiones y el libre acceso a las libertades dirigidas.
…La poética de Lolo Palza nos deja la tarea de escudriñar en su territorio con herramientas ajenas y con palabras que nombran la vida y sus circunstancias. Lolo Palza es un poeta que no teme contrariarse en la desolación y la amargura; es más, la descifra y la proyecta en su única manera de decir las cosas; es decir, con poesía.
Digamos que en la ciudad
Nada es suficiente
Ni romper la norma establecida
Ni andar por todos los caminos
De: Naufragio de Noé (2000)
Creo que todos aquí hemos podido apreciar ese “sutil impacto” de la poesía de Lolo Palza. En donde, según José Gabriel Valdivia, “coloquialidad… y reflexión espontánea” conjugan de forma irrestricta.
Ahora, luego de este necesario preámbulo, el libro que tenemos aquí, esta Vida Breve, proporcionará a los lectores, a quienes creen aún en la palabra escrita de la poesía, la satisfacción de ver y tocar las metáforas de un reencuentro con la soledad y la distancia; y lo que ellas producen: “la irremediable nostalgia”. Las mismas que alcanzan, en este texto, niveles de representaciones simbólicas de la vida cotidiana, pues, todos articulamos deseos en torno a las vicisitudes que genera la modernidad.
Estas construcciones simbólicas -dentro de un lenguaje literario- permiten apreciar las relaciones que el poeta entabla con la realidad objetiva; con los conceptos heredados y con cierta conciencia “del final de una vida”.
Para eso se sirve de una serie de imágenes y metáforas que guardan una relación directa con el superrealismo, es cierto; sin embargo, la intensidad de su discurso no radica allí, no radica en una pálida retórica de representaciones alegóricas, sino en la vitalidad que logra contener en la idea, en el concepto mismo del sentido verbal de sus expresiones.
Reflexión amarga y cruda de una época marcada por el deterioro de la utopía, la pérdida de las cosas que motivaron los sueños… el deseo de olvidar y el ímpetu de la memoria por conservarlas, sólo pueden crear este desgarramiento que pervive en las páginas:
En el primer texto, el poeta dice:
“Es difícil escribir / y no estrellarse con un muro” (pág. 13)
En su poema ADIÓS expresa: “Una mano es una paloma / la piel siempre una despedida” (pág. 51); este recurso minimalista, de evidente concreción, y de soterrada mirada existencial frente a las razones del cuerpo, evidencian su recorrido por etapas donde la tristeza ha moldeado el carácter; y, la poesía, un lenguaje que no puede evitar la ternura, ni evitar dejar constancia de lo que más nos preocupa.
Este texto no sólo dialoga con la incertidumbre de la época actual sino que contiene el drama de una aventura cuyo protagonista es la lucidez de una derrota que prefigura el desmantelamiento de nuestras pasiones y el libre acceso a las libertades dirigidas.
…La poética de Lolo Palza nos deja la tarea de escudriñar en su territorio con herramientas ajenas y con palabras que nombran la vida y sus circunstancias. Lolo Palza es un poeta que no teme contrariarse en la desolación y la amargura; es más, la descifra y la proyecta en su única manera de decir las cosas; es decir, con poesía.




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