ESPEJOS DE HUMO / GOYO TORRES
Texto de Presentación / FIL / 23 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Si nos remontamos a etapas fundacionales de la novela en Arequipa; esta, nacería propiamente con María Nieves y Bustamante y su obra Jorge o el hijo del pueblo; dicho texto representa y elabora un espacio convulsionado por ideas sociales y políticas de una época en donde la nación peruana expresa sus desencuentros; la patria por esos años está haciéndose a imagen y semejanza de una “hegemonía” que nace de la aristocracia que agoniza y muere, a su vez, por “un poder conservar su statu quo”. Es el contexto. Finales del siglo XIX.
Sólo que la literatura por esos años construye una identidad que acoge los ideales de aquella Arequipa, basada en su pasado colonial y de abierta confrontación con las políticas liberales y reformistas.
Durante el siglo pasado la novela en Arequipa tuvo su oportunidad en autores como Federico Segundo Agüero, Edmundo de los Ríos, María Teresa Ruiz Rosas, Fátima Carrasco, y sobre todo en Carlos Herrera que a través de su novela Blanco y negro nos deja la metáfora de dos razones contradictorias que aluden a una realidad que está por encima de la monotonía y de un acondicionamiento existencial.
Bajo esta perspectiva se puede señalar -de manera tentativa- que ideología e historia han dado forma a una variable en el que la narrativa encuentra su asidero para la ficción.
Augusto Monterroso decía que: “Los buenos libros son buenos libros y sirven para señalar los vicios, las virtudes y los defectos humanos. Pero no para cambiarlos” Aquí, en esta obra, no sólo se mantiene la naturaleza del texto como expresión del lenguaje y de una poética en la ficción, sino que esta mantiene sus estructuras en la realidad misma que concibe.
Quienes encontramos en la literatura una excusa para poder comprender esta realidad, decidimos, pues, participar de ella; y, a su vez, alterarla. No están exentos, por eso, de una ideología nuestros discursos frente a la historia y menos de un relato del poder que se construye con palabras.
Ahora, Espejos de Humo, la primera novela de Goyo Torres, está escrita bajo la impronta de los discursos de la “posmodernidad”, aunque el término de “posmodernidad” sugiere una serie de interpretaciones, aquí lo empleo para sugerir una postura de resistencia, de reinterpretación, de revisionismo histórico.
Miguel Gutiérrez ha señalado, a su vez, que “las propuestas morales, sociales o políticas de un escritor relativas al destino de los pueblos y la convivencia humana son secundarias”; Goyo Torres, alude a tal condicionamiento de la continuidad, aunque circunscriba su ficción a una etapa fundacional del imaginario de Arequipa y del país. Ya que existe en su derrotero como escritor una necesidad por reformular ciertas prerrogativas de la realidad impuesta y que ha encontrado a través de sus lecturas y de sus filiaciones sociopolíticas.
Encuentro en la novela una apreciable intensidad por subvertir cierto determinismo histórico frente a los símbolos que se han heredado del pasado.
Como se sabe, la presencia de Simón Bolívar en la conformación del Estado del Perú, resultó nocivo para ciertos intereses postcoloniales; y su ingreso a la historia nacional giró en torno a la liquidación del pensamiento conservador peruano.
La resistencia a los cambios con su llegada a dicho contexto nacional duraron hasta finales del siglo XIX; aquí hay que destacar la participación de Bartolomé Herrera quien discutirá muchos de los principios liberales dejados por Bolívar. Este tránsito está signado por luchas intempestivas por el poder, “por conservar el poder” y por una presencia en nuestra realidad que dejó muchos vacíos en la consolidación de “una historia para todos”.
Leer este texto de Goyo Torres, también permite apreciar sus intensiones formales y políticas en la estructura latente. El discurso literario como objeto proyecta la realidad concebida desde una lectura personal de la historia y de las estrategias que rigen su lineamiento en el espacio tiempo de la ficción. En Espejos de Humo el proyecto de la trama es ambicioso. No está exenta de una ideología, ni su aparición sugiere una impostura frente a la fábula. Por eso, la busca determinar, y alterarla desde el lenguaje literario.
Elige una época, un espacio delimitado por la historia oficial; y argumentos que requieren de misterio e intriga; carácter y prototipo de un “relato policial” que se difumina en varias de las capas de su relato.
En esta novela encontraremos, también, la degradación que se origina a partir de un develamiento de “la verdad”: el complot, el intento de asesinato contra Bolívar, suscitado en estos territorios; es en este nivel de la trama que se ha urdido donde se llega a descubrir los misterios más logrados mediante el recurso epistolar.
Asistiremos a manifestaciones humanas como la locura, la traición, y sobre todo a una desmitificación de la historia que gira en torno al libertador: su irremediable éxito con las mujeres, por ejemplo, y que en obras como El general en su laberinto de García Márquez, se exaltan o se admiran.
Es así que personajes como Eva (risto) Medina se convierte en portadora de la venganza de una casta. Y “Paquito”, otro de los personajes de la obra, alcanzará su nivel más notable al final de la obra por estar junto al narrador desde un espacio marcado por la esquizofrenia.
En resumen, Espejos de Humo, pretende recrear una etapa de la historia oficial, y subvertirla; actualizar ciertas conjeturas de las discusiones internas con respecto al poder político del siglo XIX que enriquecen, dentro de la ficción literaria, “el relato” de una intriga condicionada por la locura de creer; por eso, la estructura de una historia que subyace dentro de otra historia es una fórmula para desmitificar ciertas nebulosas de la realidad que se alzan como mentiras agradables ante nuestros ojos.
Me refiero a la función de la mujer en los primeros años de la república, al papel que jugó Arequipa en la gesta de la independencia y a la vida misma que se altera sólo desde la ficción y de forma aislada.
Una novela para leer con la pasión que generan las cosas del lenguaje y con la vitalidad que sentimos todos por la literatura escrita desde esta tierra.
Texto de Presentación / FIL / 23 de setiembre de 2011
Juan W. Yufra
Si nos remontamos a etapas fundacionales de la novela en Arequipa; esta, nacería propiamente con María Nieves y Bustamante y su obra Jorge o el hijo del pueblo; dicho texto representa y elabora un espacio convulsionado por ideas sociales y políticas de una época en donde la nación peruana expresa sus desencuentros; la patria por esos años está haciéndose a imagen y semejanza de una “hegemonía” que nace de la aristocracia que agoniza y muere, a su vez, por “un poder conservar su statu quo”. Es el contexto. Finales del siglo XIX.
Sólo que la literatura por esos años construye una identidad que acoge los ideales de aquella Arequipa, basada en su pasado colonial y de abierta confrontación con las políticas liberales y reformistas.
Durante el siglo pasado la novela en Arequipa tuvo su oportunidad en autores como Federico Segundo Agüero, Edmundo de los Ríos, María Teresa Ruiz Rosas, Fátima Carrasco, y sobre todo en Carlos Herrera que a través de su novela Blanco y negro nos deja la metáfora de dos razones contradictorias que aluden a una realidad que está por encima de la monotonía y de un acondicionamiento existencial.
Bajo esta perspectiva se puede señalar -de manera tentativa- que ideología e historia han dado forma a una variable en el que la narrativa encuentra su asidero para la ficción.
Augusto Monterroso decía que: “Los buenos libros son buenos libros y sirven para señalar los vicios, las virtudes y los defectos humanos. Pero no para cambiarlos” Aquí, en esta obra, no sólo se mantiene la naturaleza del texto como expresión del lenguaje y de una poética en la ficción, sino que esta mantiene sus estructuras en la realidad misma que concibe.
Quienes encontramos en la literatura una excusa para poder comprender esta realidad, decidimos, pues, participar de ella; y, a su vez, alterarla. No están exentos, por eso, de una ideología nuestros discursos frente a la historia y menos de un relato del poder que se construye con palabras.
Ahora, Espejos de Humo, la primera novela de Goyo Torres, está escrita bajo la impronta de los discursos de la “posmodernidad”, aunque el término de “posmodernidad” sugiere una serie de interpretaciones, aquí lo empleo para sugerir una postura de resistencia, de reinterpretación, de revisionismo histórico.
Miguel Gutiérrez ha señalado, a su vez, que “las propuestas morales, sociales o políticas de un escritor relativas al destino de los pueblos y la convivencia humana son secundarias”; Goyo Torres, alude a tal condicionamiento de la continuidad, aunque circunscriba su ficción a una etapa fundacional del imaginario de Arequipa y del país. Ya que existe en su derrotero como escritor una necesidad por reformular ciertas prerrogativas de la realidad impuesta y que ha encontrado a través de sus lecturas y de sus filiaciones sociopolíticas.
Encuentro en la novela una apreciable intensidad por subvertir cierto determinismo histórico frente a los símbolos que se han heredado del pasado.
Como se sabe, la presencia de Simón Bolívar en la conformación del Estado del Perú, resultó nocivo para ciertos intereses postcoloniales; y su ingreso a la historia nacional giró en torno a la liquidación del pensamiento conservador peruano.
La resistencia a los cambios con su llegada a dicho contexto nacional duraron hasta finales del siglo XIX; aquí hay que destacar la participación de Bartolomé Herrera quien discutirá muchos de los principios liberales dejados por Bolívar. Este tránsito está signado por luchas intempestivas por el poder, “por conservar el poder” y por una presencia en nuestra realidad que dejó muchos vacíos en la consolidación de “una historia para todos”.
Leer este texto de Goyo Torres, también permite apreciar sus intensiones formales y políticas en la estructura latente. El discurso literario como objeto proyecta la realidad concebida desde una lectura personal de la historia y de las estrategias que rigen su lineamiento en el espacio tiempo de la ficción. En Espejos de Humo el proyecto de la trama es ambicioso. No está exenta de una ideología, ni su aparición sugiere una impostura frente a la fábula. Por eso, la busca determinar, y alterarla desde el lenguaje literario.
Elige una época, un espacio delimitado por la historia oficial; y argumentos que requieren de misterio e intriga; carácter y prototipo de un “relato policial” que se difumina en varias de las capas de su relato.
En esta novela encontraremos, también, la degradación que se origina a partir de un develamiento de “la verdad”: el complot, el intento de asesinato contra Bolívar, suscitado en estos territorios; es en este nivel de la trama que se ha urdido donde se llega a descubrir los misterios más logrados mediante el recurso epistolar.
Asistiremos a manifestaciones humanas como la locura, la traición, y sobre todo a una desmitificación de la historia que gira en torno al libertador: su irremediable éxito con las mujeres, por ejemplo, y que en obras como El general en su laberinto de García Márquez, se exaltan o se admiran.
Es así que personajes como Eva (risto) Medina se convierte en portadora de la venganza de una casta. Y “Paquito”, otro de los personajes de la obra, alcanzará su nivel más notable al final de la obra por estar junto al narrador desde un espacio marcado por la esquizofrenia.
En resumen, Espejos de Humo, pretende recrear una etapa de la historia oficial, y subvertirla; actualizar ciertas conjeturas de las discusiones internas con respecto al poder político del siglo XIX que enriquecen, dentro de la ficción literaria, “el relato” de una intriga condicionada por la locura de creer; por eso, la estructura de una historia que subyace dentro de otra historia es una fórmula para desmitificar ciertas nebulosas de la realidad que se alzan como mentiras agradables ante nuestros ojos.
Me refiero a la función de la mujer en los primeros años de la república, al papel que jugó Arequipa en la gesta de la independencia y a la vida misma que se altera sólo desde la ficción y de forma aislada.
Una novela para leer con la pasión que generan las cosas del lenguaje y con la vitalidad que sentimos todos por la literatura escrita desde esta tierra.




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