sábado 23 de julio de 2011

ESPEJOS DE HUMO DE GOYO TORRES




JUAN W. YUFRA

Cómo nos introducimos a la ficción de Espejos de humo resultará farragoso, desalentador para un lector X; a pesar que la trama intenta justificar tal estructura narrativa, creo que son prescindibles los capítulos iniciales pues le restan intensidad al texto manifiesto. La novela de Goyo Torres recurre a un periodo de la república peruana; a una época fundacional de nuestro imaginario político y social. La presencia de Simón Bolívar en la historia nacional y en la conformación del Estado del Perú, resultó nocivo, es cierto, para ciertos intereses postcoloniales; la liquidación del pensamiento conservador peruano fue uno de sus proyectos. La resistencia a los cambios establecidos con su ingreso a la realidad nacional duraron hasta finales del siglo XIX. Incluso Bartolomé Herrera discutirá muchos de los principios liberales dejados por Bolívar. Este tránsito está marcado por luchas intempestivas por el poder y dejó muchos vacíos en la consolidación simbólica de “una historia para todos”.

Su revisión desde los años 60 y 70 del siglo XX, fue crucial. Pablo Macera, Heraclio Bonilla, Nelson Manrique, fueron quienes centraron sus enfoques teóricos en dicha etapa fundacional; de cómo el pasado se expresaba categóricamente en nuestros actos del presente. Pero será Bonilla el más drástico en sus apreciaciones. Decir que el Perú nunca quiso la Independencia es, pues, gratificante, para quienes buscan en el pasado el engranaje de nuestros temores antropológicos. La desmitificación, la descomposición de sus elementos fue la base para intervenir e instalarse en ella. Y la literatura nos ha dado muestras suficientes de acomodos y proyecciones atávicas de nuestras “utopías peruanas”. No es raro, entonces, aceptar que son los libros del siglo XVI quienes funden nuestra idiosincrasia; y, sean, los actos políticos de nuestra “historia oficial” ese mare magnum por donde navega el punto de quiebre o esa farsa que debemos subvertir.

Leer el libro de Goyo Torres, Espejos de Humo, también permite apreciar sus intensiones formales y políticas en la estructura latente. El discurso literario como objeto proyecta la realidad concebida desde una lectura personal de la ficción y de las estrategias que rigen su lineamiento en el espacio tiempo de la historia, para este caso. El Inca Garcilaso con sus Cometarios reales se propuso un proyecto sin origen que cuatro siglos después logró reformular una visión del pasado al subvertirlo desde “el recuerdo y la palabra ultramarina”. Por otro lado, Miguel Gutiérrez logra la ficción perfecta. Logra el prototipo de una novela que conjuga talento, discurso posmoderno frente al mito de Los comentarios reales de los Incas en su obra Poderes Secretos publicado por primera vez en 1995. Aquel “cronista fantasma” llamado Blas Valera atraviesa no sólo las páginas de esa breve historia sino que se apodera de los espacios vacíos que han dejado el tiempo y su contexto.


En Espejos de Humo el proyecto de la trama es ambicioso. No está exenta de una ideología, ni su aparición sugiere una impostura frente a la historia. La busca determinar, alterarla desde la literatura que es lenguaje cifrado y síntoma de la realidad. Pero los planos del discurso literario en los que se dispersa la obra es, pues, confuso por las referencias a una etapa de fundación de la nación peruana; y a una Arequipa que fue “la muy noble y leal” (ya sabemos a quién y a qué). Una de las apuestas técnicas del narrador discurre mediante cartas que a su vez van adelantando ciertas circunstancias de una conspiración contra la vida de Bolívar a su paso por esta tierra. Que Eva (risto) Medina sea “la excusa” y la portadora de la vendetta de una casta, y la proyección de una confrontación ideológica estimula el albedrío y la ficción. Pero, al margen de las dislocaciones en el lenguaje que emplea el narrador y su imposible final que se engarza al principio de la fábula; esta obra contada desde un manicomio presenta otras vicisitudes para el lector, por la presencia de Paquito en el nosocomio para enfermos mentales; a la vez que nos deja perplejos ante la idea de “una posible conspiración realizada por una mujer contra Bolívar”. Si nos situamos en el nivel inmanente del texto esto jamás se da por el hermetismo y la ambigüedad que subyace en la obra. Allí su logro más relevante. La oscuridad y el misterio en el que se solaza el autor. Intervenir en el lenguaje de la historia y en sus “poderes secretos” hace de esta novela una pieza narrativa a tener en cuenta en el derrotero de la literatura peruana.

Una ola

Una ola

La tarde

La tarde

Algo de Ilo

Algo de Ilo